Cuando una mujer ha gestado y pare un hijo pero, por diferentes causas, no va a poder o no quiere hacerse cargo de su educación y mantenimiento, surgimos las familias adoptantes con voluntad de asumir esta responsabilidad porque tenemos vocación de padres/madres, porque consideramos que esas criaturas ya existentes tienen preferencia respecto a otras que no han nacido y porque nos hemos preparado y somos capaces de seguirnos formando para enfrentarnos a las dificultades añadidas que podamos descubrir, como consecuencia de su ruptura o separación del entorno biológico.
Teniendo ya a nuestro hijo en casa y pasado su período "luna de miel" en el que se muestra agradecido por tener un hogar e intenta ganarse nuestro cariño, entra en la etapa de comprobar si somos incondicionales y nos someterá a las más duras pruebas, mientras comprueba, también los límites que ponemos en su educación.
Pero esto no es todo porque, cuando comience a aflojar para mostrarse como es, nos daremos cuenta de los estragos que el abandono y la institucionalización hicieron en su sistema nervioso cuando comenzaba a desarrollarse y necesitaba estímulos sensoriales e intelectuales para madurar. Su personalidad se configuró para compensar y camuflar sus dificultades. Están como a la defensiva y atacan gratuitamente para que no lleguemos a descubrir sus vulnerabilidades. Muestran una pobre tolerancia a la frustración y se bloquean en unas rabietas sin fin cuando no consiguen sus pretensiones. Se tiran al suelo y revuelcan, lanzan patadas si intentamos aproximarnos, gritan desaforadamente y no hay consuelo posible porque ellos no quieren ser compadecidos ni perdonados. Necesitan saber que son los vencedores, los más fuertes, como tenían que demostrar en el orfanato para conseguir un mendrugo o unos zapatos.
Aparecerán trastornos de conducta como mentiras que sólo pretenden evidenciar su modo distinto de entender las situaciones, robos que no son otra cosa que su instinto de almacenar comida para cuando les falte o juguetes que no están acostumbrados a que nadie les compre.
Al iniciar la escolarización, veremos otros trastornos y nos resultará difícil obtener el apoyo de maestros y educadores porque no todos están abiertos a conocer características de unos alumnos capacitados, pero necesitados de atención personalizada, sin ser deficientes.
Es importante conocer estos detalles antes de plantearse la adopción porque estos niños no son malos ni culables de nada y van a necesitarnos mucho para sortear todos los obstáculos que encuentren a su paso. Debemos saber cómo ayudarles y estar dispuestos a no escatimar esfuerzos.
El grupo postadoptivo
Ydespuesque nos reunimos en varias listas de distribución de correo y un foro para compartir vivencias como adoptantes, buscamos recursos para ayudar a nuestros hijos, nos regocijamos ante las experiencias exitosas o el anuncio de que algún cambio nos va a favorecer. También permitimos que entren futuros adoptantes para informarse sobre qué puede ocurrir. Sólo pedimos seriedad, respeto y el compromiso de participar activamente en los debates.